La madrugada estaba fría y se notaba nublada. Cosa curiosa porque cuando está nublado la temperatura suele ser más bien agradable. Pero, hacía frío y levantó la solapa de su chaqueta para abrigarse mejor el cuello. El vapor salía de su boca como una gran fumarola. Se mantuvo en movimiento para entrar en calor. Hasta que llegó el autobus que esperaba desde hacía, por lo menos, treinta y cinco minutos. El autobus apareció de entre las sombras matutinas, alumbrando hacia la oscuridad con sus dos potentes focos amarillos. Lo detuvo. Subió a éste por la puerta delantera como es habitual y pagó su boleto.El autobus venía vacío. Ni un alma ocupaba, a esa hora, aquellos rodantes y enormes fierros públicos.El chofer cerró la puerta, metió el cambio y aceleró para continuar su recorrido. Las luces interiores del autobus iban encendidas y por eso no podía distinguirse lo de afuera a través de las ventanas.Entonces se sentó justo en medio y, como hacía frío, se arregló el cuello de su chaqueta. Así se fue sentada como única pasajera, con las manos en los bolsillos, pensando en una y mil cosas y SObRe TODo EN Las GAnas de escribiRTE.
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